La comunicación gubernamental vuelve a fallar en el mismo punto de siempre. No por falta de voceros, sino por falta de estrategia.
Si el Gobierno sabía que anunciaría un acuerdo migratorio con Estados Unidos, lo lógico era llegar primero con el documento íntegro, con una explicación clara y con todo el gabinete alineado. No se puede lanzar una medida sensible, dejar vacíos en el aire y después pretender apagar el incendio cuando la opinión pública ya llenó esos espacios con dudas, sospechas y versiones cruzadas.
Ese es el problema. Siguen comunicando como si gobernar fuera reaccionar. Como si las crisis fueran accidentes inevitables y no escenarios que se pueden prever, ordenar y explicar antes de que exploten.
Este acuerdo se trata de un asunto sensible, con impacto diplomático, social, jurídico y político. No se anuncia a medias. Se comunica con contexto, con preguntas anticipadas y con funcionarios preparados para responder con base.
Si la plana mayor del Gobierno no entiende el alcance de lo anunciado, o no tiene una línea clara para defenderlo, entonces el problema no está en la oposición ni en las redes.
La comunicación no puede ser el departamento que sale después a explicar el desastre. Debe ser parte de la estrategia desde el primer día. Gobernar también es anticipar.





















































