Oficialmente hemos entrado en el inning más nervioso del juego de la política dominicana. El mánager ya comenzó a mirar hacia el bullpen. Nadie sabe quién recibirá la seña para entrar al juego y quién descubrirá que su nombre nunca estuvo en la alineación.
El país entero parece convertido en un enorme camerino político. En los restaurantes, en los grupos de WhatsApp, en las oficinas y hasta en las reuniones familiares la conversación es la misma. Quién sube, quién sale, quién cambia de posición y quién se queda mirando desde la banca.
Los decretos se acercan. Algunos responderán a lo que todos anticipan. Otros romperán todas las apuestas. Pero el verdadero desafío no es repartir cargos. Es relanzar una administración que, desde el inicio de este período en el 2024, todavía no ha logrado asentarse con la fuerza que muchos esperaban.
Y mientras el Presidente decide, otros juegan su propio partido. Basta con que un nombre empiece a sonar para que aparezcan llamadas, filtraciones, rumores, campañas silenciosas y ataques cuidadosamente dirigidos. En política no siempre gana el más preparado. Muchas veces pierde primero el que más comienza a sonar.
Por eso este es el inning más peligroso. No porque se definan posiciones, sino porque se revelan intereses. Es el momento en que las lealtades cambian de velocidad, los aliados se ponen nerviosos y los adversarios se vuelven creativos. El bullpen está listo. Ahora falta saber quién entra al montículo y quién termina viendo el juego desde la banca.





















































