El expresidente hondureño Juan Orlando Hernández regresó a su país el domingo, cinco años después de su extradición a Estados Unidos. Su llegada al aeropuerto de Palmerola, cerca de Tegucigalpa, se produce tras ser indultado por el presidente estadounidense Donald Trump en diciembre pasado, lo que puso fin a una condena de 45 años por narcotráfico en una prisión federal. Fue recibido por familiares y cientos de seguidores.
Hernández, quien gobernó Honduras entre 2014 y 2022, siempre ha negado las acusaciones de haber facilitado el paso de toneladas de cocaína colombiana hacia Estados Unidos, calificándolas de "cacería de brujas" y persecución política. Durante su juicio en Nueva York, fiscales lo vincularon con capos del narcotráfico, incluyendo a Joaquín "El Chapo" Guzmán, y señalaron que se benefició personalmente de estas operaciones. Su administración coincidió con un periodo de alta violencia en Honduras.
A pesar de su regreso, Hernández no encuentra un camino despejado. Debe presentarse ante un tribunal hondureño el 3 de agosto para enfrentar cargos por fraude y lavado de dinero, acusado de desviar dos millones de dólares de fondos públicos para su primera campaña presidencial. Su retorno ha generado críticas de organizaciones de derechos humanos, que lo ven como una señal de impunidad en un sistema judicial que consideran débil y susceptible a influencias políticas.
El indulto de Trump, otorgado días antes de las elecciones hondureñas de noviembre de 2025, y la posterior asunción de Nasry Asfura, sucesor político de Hernández, añaden una capa de complejidad. Aunque Hernández ha declarado no tener ambiciones electorales y enfocarse en su familia, su presencia y el apoyo de sus simpatizantes plantean interrogantes sobre su posible reincorporación a la escena política hondureña.





















































