Durante demasiado tiempo el miedo ha estado del lado equivocado.
Tiene miedo el que trabaja. Tiene miedo el comerciante. Tiene miedo la madre cuando su hijo tarda en llegar a su hogar. Tiene miedo quien se detiene en un semáforo de madrugada. Mientras tanto, demasiados delincuentes salen a la calle convencidos de que pueden imponer sus propias reglas.
Eso tiene que cambiar.
Las palabras del director de la Policía tocan una fibra que muchos dominicanos sienten. La autoridad debe volver a sentirse como autoridad.
Quien cometa un delito y se entregue debe ser apresado y llevado ante la justicia. Pero quien decida enfrentar a tiros a la Policía debe saber que encontrará policías preparados para responder. Eso también es uso proporcional de la fuerza.
No podemos exigirle al agente que sale a buscar a un hombre armado que lleve el miedo que precisamente queremos quitarle al ciudadano. Y entonces ocurre lo de siempre. Cuando un presunto delincuente cae en un enfrentamiento aparecen cien voces por él. ¿Dónde estaban esas voces cuando una madre enterraba a su hijo, cuando un joven era atracado o cuando un trabajador entregaba bajo amenaza lo que tanto le costó conseguir?
La prioridad moral de una sociedad debe estar clara. Que el bueno deje de temerle al malo. Que el malo vuelva a temerle a la ley. Y que la Policía entienda que para cumplir esa misión cuenta con nuestro respaldo.





















































