Hay quienes dicen que el patriotismo se ha perdido. Que la bandera solo aparece en las fechas patrias y que ya nada une a los dominicanos. Hace unos días comprobamos que eso no es verdad.
Lo vimos con nuestros propios ojos en la inauguración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Bastó que apareciera la delegación dominicana para que un estadio completo estallara en una ovación. No fue cortesía. No fue protocolo. Fue un grito que salió del alma. Durante unos minutos desaparecieron las diferencias y solo quedó una identidad. La de un pueblo orgulloso de ver a los suyos representar la bandera.
Esa emoción nos recordó una gran verdad. Los dominicanos no estamos cansados de sentir orgullo por nuestro país. Estamos esperando que alguien nos dé una razón para sentirlo. Y nuestros atletas lo hacen cada vez que salen a competir.
Ellos no llegan a las competencias con discursos. Llegan con años de sacrificio, de madrugadas, de lesiones, de derrotas silenciosas y de sueños que cargan el nombre de República Dominicana. Cada uniforme que visten lleva cosido el esfuerzo de un país entero.
Ahora nos toca responder. No basta con celebrar una medalla cuando llega. Hay que acompañarlos antes de conquistarla. Llenemos las gradas. Hagamos que el himno se escuche más fuerte que cualquier otro. Nuestros atletas ya están dando todo por la República Dominicana. Ahora hagamos que ellos también sientan que la República Dominicana está dando todo por ellos.





















































