En el video que publicamos sobre la contienda entre Adriano Espaillat y Darializa Ávila Chevalier por la nominación demócrata del Distrito 13 de Nueva York, gran parte de los comentarios terminaron girando alrededor de una discusión equivocada. Muchos se enfocaron en si Darializa es o no dominicana.
La realidad es sencilla. Bajo el principio de ius sanguinis reconocido por la legislación dominicana, una persona nacida de padre o madre dominicanos tiene derecho a la nacionalidad dominicana. Ese debate, por tanto, resulta secundario e incluso irrelevante para la discusión de fondo.
El verdadero punto no son los papeles. Lo importante son las ideas. Lo que debería preocupar al ecosistema dominicano son las posiciones públicas que se le atribuyen respecto a la unificación entre República Dominicana y Haití, sus cuestionamientos a símbolos patrios como la bandera y sus posturas contrarias al nacionalismo dominicano.
Ahí es donde debe concentrarse el debate. Porque ser dominicano no es únicamente una condición jurídica. También implica un compromiso con la historia, la soberanía, la cultura y los intereses nacionales.
Nadie deja de ser dominicano por nacer fuera del territorio nacional. Pero tampoco basta con tener documentos para representar los valores que una nación considera fundamentales.
Las discusiones importantes no son sobre el lugar de nacimiento. Son sobre las ideas que se defienden y las causas que se promueven. Ahí es donde realmente se mide quién representa o no el sentir de un pueblo.





















































