Hay una frase que retrata como pocas la cultura política dominicana, “lo tuyo está caminando”. No dice sí, no dice no, no resuelve, no compromete, no cierra la puerta, pero tampoco la abre. Es la respuesta perfecta para mantener a alguien esperando sin asumir ninguna responsabilidad.
Esa frase es casi una institución paralela. Resume al político que no sabe decir que no y al ciudadano que ya no sabe a quién acudir. Porque en este país se le pide al dirigente lo que debería garantizar el Estado. Una medicina, un empleo, una cama en un hospital, una beca, una cita, una recomendación o una ayuda para sobrevivir.
Y aunque suene duro, muchas veces la gente tiene razón en pedir por lo personal. Lo hace porque lo colectivo falló primero. Porque las políticas públicas que prometieron resolver la vida de todos no llegan, no alcanzan o no funcionan. Cuando la institución no responde, aparece el político como atajo. Y cuando el político no resuelve, aparece la frase “lo tuyo está caminando”.
Es una frase frase cruel porque no libera ni resuelve. Mantiene al ciudadano atrapado en la espera, llamando, insistiendo, agradeciendo por adelantado algo que quizá nunca existió.
La política se acostumbró a vivir de esa ambigüedad. Nadie quiere decir que no, porque el no cuesta. Pero mentir con delicadeza también tiene un precio. Degrada la confianza, humilla al ciudadano y convierte la necesidad en dependencia.
Un país serio no puede funcionar con expedientes eternamente caminando. O se resuelve, o se habla claro. Porque cuando todo “está caminando” y nada llega, lo único que realmente avanza es el cansancio de la gente.





















































