El yo del poema no es el poeta: es la Patria.
El cuerpo no nombra la política. El título la carga entera. Lo que se llora en el soneto isométrico 14x11x35 no es una crisis: es una condición.
Rumiando penas donde siempre anduve
Fría merma de mi existencia insulsa
Y la tristeza implacable me impulsa
¡Hoy desolación tan hostil mantuve!
Do la amargura atroz hoy me domina,
la intranquilidad todo lo destruye;
mientras mi paz despavorida ya huye
con desconsuelo que hoy no declina.
Yo incubo un gran dolor sempiterno;
ya mi espíritu exhausto sin aliento
emite quejas que se lleva el viento
Las ansias que bullen en el Averno,
diluyen mi dicha más honda e ignota,
dejando a mi alma ya deshecha, rota
En la periodización que parte de José Gabriel García, la soberanía corta la historia:
Primera República, 1844–1861; Segunda, 1865–1916.
El arranque canónico de la Tercera República lo fija el 12 de julio de 1924, con Horacio Vásquez y el arriado de la bandera de la ocupación. Para esta lectura el nombre cubre 1924–2028: ciento cuatro años, sin cierre en 1965 ni Cuarta en 1966.
El soneto habla dos años después del centenario. “Donde siempre anduve” nombra un hábito, no un gobierno.
Anduve y mantuve son los únicos pretéritos y cierran el primer cuarteto. El resto está en presente: no es crisis, es estado. Subtítulo y último verso terminan en “rota”: yo y Patria son la misma persona.
El cuerpo no nombra Ozama, Puerta del Conde, Duarte ni himno. Tampoco Haití. Solo el Averno de la traición. Diez abstracciones protegen la prosopopeya: si nombrara Santo Domingo, el yo dejaría de ser la Patria.
La Tercera República no está siendo destruida desde afuera: se está incubando lo foráneo y deshaciendo por dentro, y ya no le queda fuerza para quejarse.
Seis peldaños hemos descendido hacia el abismo: melancolía, desalojo, agotamiento, decidia, inacción y disolución.
Si el viento se lleva las quejas, que no se lleve también la Patria. Seis peldaños no son destino: son el último descanso antes de decidir y actuar. La Patria rumia porque todavía respira; esa respiración es una orden, no un réquiem. Dios, Patria y Libertad.





















































