La entrada de Viettel ha desatado una curiosa epidemia de patriotismo empresarial. De repente abundan los preocupados por el espionaje, la infraestructura china, Haití y una supuesta ruptura con Estados Unidos. Demasiadas alarmas juntas para no sospechar que, detrás de la bandera de la seguridad nacional, alguien intenta proteger su pedazo del mercado.
Vietnam no es enemigo de Washington. Desde 2023 ambos países mantienen una Asociación Estratégica Integral que abarca tecnología, economía digital y telecomunicaciones. Intel ha invertido cerca de 1,500 millones de dólares en Vietnam y Qualcomm desarrolla junto a Viettel infraestructura 5G basada en O-RAN.
Hay algo todavía más incómodo para los profetas del desastre. Viettel America opera desde Silicon Valley ofreciendo servicios vinculados con inteligencia artificial, datos, ciberseguridad, plataformas digitales y 5G. Si Viettel fuera una amenaza intolerable por definición, habría que explicar cómo puede trabajar en áreas tan sensibles dentro del propio territorio estadounidense.
República Dominicana pertenece a la iniciativa Clean Network. Por tanto, debe exigir proveedores confiables, auditorías permanentes y controles rigurosos. Si Viettel incumple, que pierda la licencia. Pero impedirle competir por sospechas sin pruebas sería convertir la seguridad nacional en coartada comercial.
La competencia causa roncha porque amenaza comodidades, márgenes y clientes cautivos. Que cause toda la roncha necesaria, siempre que termine bajando precios, ampliando cobertura y obligando a las telefónicas a recordar que el mercado no les pertenece.





















































