Las señales están ahí y solo quien no quiera verlas puede seguir negándolas. El tablero se está moviendo y cada pieza parece empujar hacia la misma conclusión. Con el restablecimiento de la visa estadounidense de Gonzalo Castillo, solo falta esperar el 29 de mayo. Si llega el no ha lugar, se habrá cumplido la profecía política que veníamos advirtiendo. Gonzalo será el candidato presidencial del PLD.
No será casualidad ni improvisación. Gonzalo ya fue presentado al país, ya fue candidato presidencial y ya se hizo una inversión enorme en publicidad para instalar su nombre en la opinión pública. Pero, por encima de todo eso, tiene lo que Danilo más necesita en este momento, lealtad.
Porque mientras algunos siguen vendiendo certezas, la realidad electoral va diciendo otra cosa. Ninguno de los jugadores actuales garantiza hoy el 50+1. Nadie tiene asegurada una victoria en primera vuelta. El país parece caminar hacia un escenario de segunda vuelta, y en ese terreno el PLD, que está en el tercer lugar, puede convertirse otra vez en una pieza decisiva.
No necesariamente porque vuelva como fuerza dominante, sino porque puede regresar como árbitro del poder. Como ese actor que, aun sin encabezar todas las encuestas, puede definir hacia dónde se inclina la balanza.
La política no siempre premia al más popular. A veces premia al que resiste, al que espera y al que llega vivo al momento exacto. Y si el PLD logra ordenar su casa alrededor de Gonzalo, 2028 podría empezar a parecerse mucho menos a una elección resuelta y mucho más a una partida abierta.





















































