Hay algo que siempre nos causa mucha risa en el debate político dominicano. Basta con hacer una observación sobre la realidad de cualquier partido o cualquier candidato para que inmediatamente aparezca alguien convencido de que ya descubrió de qué lado estamos.
Si decimos que la llave del 28 la tiene el PLD, somos del PLD. Si analizamos que Gonzalo será el candidato peledeísta, somos de Gonzalo. Si observamos que los vientos del poder oficialista favorecen a David, somos de David. Si afirmamos que salir a la calle es la estrategia correcta para Carolina en su posición actual, somos de Carolina.
Si reconocemos la capacidad intelectual de Leonel, somos de Leonel. Si señalamos que Omar es hoy el dirigente opositor con mayores niveles de aprobación, somos de Omar. Si señalamos un acierto del Gobierno, somos del PRM. Si cuestionamos una medida del Gobierno, somos oposición. Al parecer, para algunos, el análisis independiente es una especie en peligro de extinción.
El deporte nacional de los dominicanos, después del béisbol, es la política. Aquí se habla de política en las cenas familiares, en los colmados, en las barberías, en los carros públicos y hasta en los campos más remotos del país. Todos opinan, todos analizan y todos hacen cálculos electorales.
Nosotros seguiremos haciendo exactamente eso. Analizar, observar y comentar lo que ocurre. A veces los datos favorecerán a unos y otras veces a otros. La realidad política cambia constantemente y nuestra obligación es contarla, no acomodarla. Porque una cosa es tener preferencias y otra muy distinta es negarse a ver lo que está pasando frente a nuestros ojos.





















































