Qué ironía: ninguna feminista proaborto fue abortada. Nacieron y ahora desean legalizar el aborto. El debate sobre el aborto se reduce a una sola paradoja: el derecho a no nacer tiene un solo requisito: haber nacido; y quien reclama esa facultad, ya quedó fuera de su alcance.
Este análisis se inscribe en la convergencia entre la fe cristiana y la ética hipocrática: proteger la vida y no dañar. “Yo que hago engendrar…dar a luz…¿impediré el nacimiento? dice tu Dios.” [Isaías 66:9]. Agradecemos al pastor Luis Reyes, ministro de la Iglesia Fuente de Amor, la gentileza de haber revisado y valorado este escrito y sus anexos.
Se define el aborto como “interrupción del embarazo por causas naturales o provocadas”. El aborto espontáneo es una desgracia, no una decisión. El aborto terapéutico existe para salvar a la madre y al bebé, no elimina a nadie. Solo cuando el médico documente que el feto es inviable o que la vida de la madre está en grave peligro, puede autorizase la interrupción, con el deber de agotar todos los esfuerzos para salvar ambas vidas. Ver anexo 1.
La Convención Americana [art. 4] protege la vida “a partir del momento de la concepción”, la Constitución [art. 37] establece que “la vida es inviolable desde la concepción”, y el Código Civil dominicano reconoce la capacidad del concebido para heredar y recibir donaciones [arts. 725 y 906]; el derecho dominicano trata al feto como una persona futurible. Legalizar el aborto como derecho choca con la convención que ratificamos. Ver anexo 2.
Legalizar el aborto por una lista de causas médicas redactadas por actores foráneos conlleva consecuencias incompatibles con la cultura dominicana.
Que decida el pueblo en referéndum [art. 210], si y solo si antes ha visto las fotografías horribles, los videos en los que el feto rehúye de la pinza y los latidos agonizantes del corazón al ser despedazado. La escena no es nueva: “Y estando encinta…” y “el dragón [Satanás] se paró frente a la mujer que estaba por dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese” [Apocalipsis 12:2 y 4]. El dragón Satanás, al menos, esperaba el parto. Hoy la pinza no espera.





















































