En periodismo existe una diferencia clara entre informar y opinar. La noticia relata hechos. El editorial interpreta esos hechos. Ambos son géneros legítimos del oficio.
Un editorial, por definición, es la posición institucional de un medio frente a un acontecimiento de interés público. No es una columna personal ni una opinión improvisada: es la voz del medio analizando, valorando y juzgando un hecho relevante.
Por eso resulta curioso que algunos reaccionen como si fuese la primera vez que este medio expresa una postura. No lo es. Lo hemos hecho siempre, como manda el periodismo: a través del editorial.
El debate reciente surgió porque publicamos un editorial donde expresamos desacuerdo con el cuestionamiento de la legalidad planteado por el congresista Adriano Espaillat sobre las acciones de Estados Unidos en Irán. Algunos lo interpretaron como si el medio hubiese abandonado el periodismo para adoptar una opinión.
Pero el editorial es precisamente el espacio donde un medio opina.
La función del periodismo no es solo narrar lo que ocurre, sino también analizar su significado, confrontar argumentos y fijar posición cuando los hechos lo ameritan. Eso no debilita al periodismo: lo completa.
Un medio que informa pero nunca piensa en voz alta no está siendo más neutral. Está siendo más cómodo. Nosotros preferimos ejercer el periodismo completo: el que investiga, informa y, cuando corresponde, también opina.




















































