Si la Fuerza del Pueblo observa con objetividad el panorama rumbo al 2028, entiende que la realidad política que comienza a dibujarse coloca al PLD en una posición cada vez más relevante dentro de cualquier ecuación opositora.
Por eso, si su propósito real es volver al gobierno, la estrategia no debería ser profundizar heridas. Debería ser comenzar a cerrarlas. Bajar el tono, eliminar las confrontaciones públicas, abandonar los resentimientos del 2019 y volver al compañerismo.
Y sobre todo, debe terminar la captura de dirigentes como espectáculo. Cero anuncios ribombantes, cero eventos, cero celebrarlo como hazaña. Cada dirigente presentado como trofeo no fortalece una alianza futura, la lacera. Hoy por hoy, la Fuerza del Pueblo necesita al PLD para llegar al poder en el 2028. Esa no es una concesión sentimental. Es una lectura fría del mapa político.
Juan Bosch lo retrató con fuerza en Revolución, cuento publicado en Camino real en 1933. Cholo podía decir de Pirín que “no parece hijo de nosotro” al verlo del lado contrario, pero cuando lo encontró en el campo de batalla tiró el fusil y corrió hacia él gritando “¡Pirín! ¡Pirín!”. En ese instante, la raíz pesó más que la trinchera.
Esa debería ser la estrategia. No tratar al antiguo compañero como enemigo definitivo, sino entender que hay rupturas que separan caminos, pero no deberían borrar la casa común.





















































