Estados Unidos es nuestro principal socio comercial, hogar de la mayor parte de nuestra diáspora y origen de la mayoría de las remesas que sostienen miles de hogares dominicanos. Es, además, un socio estratégico en seguridad, inversión y cooperación. Esa relación merece confianza y buena fe.
Pero la buena fe no puede convertirse en obediencia automática.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos solicita que el país derogue el Decreto 693-24, que permite importar 23,300 toneladas de arroz estadounidense sin aranceles. Las importaciones adicionales pueden acogerse, si hay disponibilidad, al contingente dominicano de 17,810 toneladas ante la OMC, gravado con un 20 %, mientras que lo que exceda ambos cupos enfrenta un arancel del 99 %.
Washington sostiene que la medida contradice el acceso libre de aranceles y sin límite previsto por el DR-CAFTA desde 2025. El planteamiento debe escucharse con respeto, pero decidirse mirando primero las consecuencias nacionales.
El arroz no es solamente otro producto en una mesa de negociación. Es alimento básico, seguridad nacional y sustento para miles de familias. Detrás de su producción existen más de 30,000 productores, cientos de miles de empleos y una actividad económica superior a RD$45,000 millones. Desprotegerla sin calcular el impacto podría cambiar campos productivos por dependencia exterior.
Una alianza verdadera no exige que uno de sus miembros se perjudique para complacer al otro. Estados Unidos defiende legítimamente a sus productores. República Dominicana tiene exactamente el mismo derecho y la misma obligación.





















































