La designación de Víctor Livio Enmanuel Cedeño Brea como superintendente de Bancos es una victoria de la meritocracia sobre el reparto político.
No llegó desde una campaña ni desde un comité de base. Llegó respaldado por su capacidad intelectual, su preparación académica y los resultados de su trabajo. Es doctor en Derecho y Economía, posee maestrías en Derecho y Finanzas, Derecho Bancario y Regulación Financiera, y ha ocupado posiciones técnicas de alta responsabilidad. Fue subgerente de Regulación e Innovación, intendente del Mercado de Valores y asesor general del despacho.
En un país donde demasiadas veces los cargos técnicos se entregan como recompensa partidaria, elegir a una persona por lo que sabe y por lo que ha demostrado constituye casi un acto de rebeldía. Cedeño no necesitó fabricar una militancia de última hora ni exhibir padrinos. Sus principales recomendaciones fueron su capacidad, su preparación y el trabajo realizado.
Quizás precisamente por no tener un centímetro cúbico de política algunos dudaban que llegaría. Pero llegó. Y con él también llega un mensaje necesario para toda la administración pública. Prepararse todavía puede valer la pena. La excelencia todavía puede abrir puertas. La capacidad todavía puede derrotar al compromiso político.
Esta vez no ganó una corriente ni una parcela. Ganó la institución. Ganaron los técnicos. Ganó la meritocracia.





















































