Este es el único país donde estar flojo y estar apretado significan lo mismo. En el diccionario son ideas opuestas. Lo flojo no tiene tensión. Lo apretado tiene demasiada. Pero en dominicano ambas palabras describen la misma tragedia cotidiana. No tener un peso. Estar guayando en el aro. Vivir haciendo magia con una economía que se siente cada vez más pesada.
Los comunicados pueden decir una cosa, pero el colmado dice otra. El banco dice otra. La bomba de gasolina dice otra. El carrito del supermercado dice otra. Y la gente, que no necesita un informe técnico para saber cómo está su bolsillo, ya entendió que algo no anda bien.
Estamos quizás en uno de los momentos económicos más duros de los últimos años para la vida diaria. Muchos comercios venden menos. Empresas que antes hablaban de crecimiento hoy reconocen trimestres flojos, incluso de los peores en mucho tiempo. Y mientras tanto, los combustibles siguen presionando todo lo demás, porque cuando sube mover un camión, también sube comer, transportarse y producir.
No se trata de negar avances ni de sembrar pesimismo. Se trata de decir lo evidente. El país está caro, la gente está limitada y la economía cotidiana se siente cada vez más pesada.
Por eso, el país no necesita que le digan que está difícil. Ya lo sabe. Necesita respuestas que se sientan en la vida diaria, no solo en los discursos. Porque cuando un pueblo entero se siente flojo y apretado al mismo tiempo, sería un error no escucharlo.





















































