Escribo en respaldo a mi entrañable amigo Alfredo Pacheco, Presidente de la Cámara de Diputados, criticado públicamente por las desavenencias en torno al nuevo Código Penal dominicano, llamado en las redes la ley mordaza. Expreso mi solidaridad y reconocimiento a un consumado humanista que siempre ha trabajado con ahínco por el pueblo dominicano y por la nación.
Me consta que, para él, en una democracia madura la representación no se agota en el voto ni se limita al hemiciclo. Representar exige cercanía, escucha activa y voluntad de convertir las inquietudes sociales en trabajo legislativo. Para él no es una consigna, sino una manera de entender el servicio público: el cargo como compromiso permanente con la ciudadanía, no como privilegio.
Fiel a esa convicción, Alfredo Pacheco reitera su interés en que todos los ciudadanos accedan al Centro de Representación, creado en 2007 y dirigido por la Licda. Olimpia Méndez Cartagena (ver el video adjunto): un espacio para que la voz del pueblo sea escuchada y evaluada con respeto. Con 19 años de trayectoria, no es un gesto de circunstancia, sino una manera coherente de entender la política como servicio y diálogo.
En tiempos en que la ciudadanía exige instituciones más cercanas y transparentes, escuchar es un acto de responsabilidad democrática. Alfredo Pacheco y la Cámara de Diputados reafirman ese compromiso: servir con humildad, dialogar con respeto y atender las voces que expresan necesidades reales y reclamos legítimos.
Por encima de cualquier controversia del momento, dejo constancia de mi lealtad y mi afecto. Los amigos verdaderos se reconocen en las horas difíciles, y en esta hora estoy, sin titubeos, del lado de Alfredo Pacheco: del hombre bueno, del servidor incansable y del amigo de siempre.





















































