¿Por qué RD se resiste a suscribir el Consenso de Ginebra que no es vinculante y versa sobre Pro Vida?
Cuesta trabajo entenderlo, y más cuesta aceptarlo.
El Consenso de Ginebra no es un tratado: no vincula, no reforma la Constitución, no crea tribunal extranjero.
Se limita a reiterar lo que los artículos 37 y 55, vida desde la concepción; familia anclada en un hombre y una mujer, y la Ley 74-25, vigente desde el 3 de agosto de 2026 sin las tres causales, ya dijeron en casa. Aun así, República Dominicana no lo ha firmado. Tampoco lo ha explicado.
En mayo de 2022 la Cámara enterró en comisión todo lo concerniente a Ginebra.
En diciembre de 2025 la embajadora Leah Campos entregó y respaldó en público el texto de Ginebra a FOMUDEVI sobre la Familia, a JUCUM sobre la juventud y Acción Cristiana.
Cancillería ignoró y el Palacio no firmó.
Sí aceptó presidir la comisión sobre la mujer CSW en 2026-2027, ocupar el Consejo de Derechos Humanos y, el 15 de diciembre de 2025, votar, indignamente, con 176 países una resolución que el Centro Global tituló "a favor del aborto" y que la Cancillería, ocho días después, juró que no mencionaba la palabra. ¿Furtividad?
El criterio no es "no firmamos lo que no obliga". El criterio es qué relato se consiente en Ginebra y cuál se reserva para el Boletín Oficial.
Un alcahuete no comete el acto: presta la casa, vota con el coro y aclara después. "Insignificante" no describe al país; describe el papel de comparsa útil y pusilánime.
Soberanía habría sido firmar y decirlo en los dos idiomas, o no firmar y explicarlo. Lo que hay es la tercera vía, la más penosa: no firmar, no explicar, presidir el foro que empuja lo contrario: el aborto.
Hay que desengañarse, de una vez y por todas, ante la penosa realidad de este gobierno liberal.
Provida cuando legisla en Santo Domingo; multilateralista y globalista cuando el carnet se estampa en Nueva York. ¿Ambivalencia?
No administra la soberanía. Administra la apariencia.





















































