La gran cantidad de actitudes individuales y egoístas que golpean nuestra sociedad son abrumadoras, y desgastan hasta más no poder. Es como si constantemente tuviéramos que enfrentarnos continuamente a caza recompensas, que lo único que buscan es el beneficio propio, y nada más. En la labor diaria, en la interacción con los compañeros, se erige como un gran titán, la cultura del "pingpongneo", tirar la pelota a otros, es una actitud tan egoísta, que parece un virus que se propaga afectando todos los órganos de empresas e instituciones que se ven afectadas por este virus que prioriza el interés propio por encima del colectivo.
El antídoto sigue siendo la responsabilidad, el trabajo en equipo, y sobre todo el compañerismo, aspectos culturales que hacen de los ambientes laborales un mejor lugar para la convivencia.
Y en medio de esta realidad decadente ¿dónde queda el liderazgo? Parece absorto, imbuido, y acorralado por el maremágnum de correos que deja el "pingpongneo" entre compañeros, ante situaciones que pueden resolverse con una simple llamada o un breve acercamiento para "entender". Este virus no solo cataliza la individualidad, sino que también infoxifica, lo que genera más incertidumbre, derivando en tensiones banales y pulsiones sin sentido, donde el más débil o el menos valorado caen noqueados.
La filosofía del “sálvese quien pueda”, es una bomba de tiempo, compleja de desarmar, y más aún cuando algunos apuestan a ella, justificándola bajo el argumento de que de esa forma se deja una evidencia. Lo de la evidencia, es lo que es, y ahí está: una muestra fehaciente, sin embargo, muchas veces se convierte en una bola de nieve, que aplasta el tiempo, la proactividad y la buena gestión que pudiera derivar del trabajo en equipo.
Es difícil, y probablemente quienes estén leyendo estas líneas lo estén sufriendo, pero no podemos perder la esperanza. Siendo conscientes de esta situación, debemos luchar, poner nuestro granito de arena, y con buenas acciones hacer frente a este virus. Por ejemplo, si un hilo de email supera tres respuestas sin resolver nada, tomar la iniciativa de tener una pequeña reunión, gestar acuerdos de caballeros, tal vez una simple llamada, para tomar la temperatura de os ánimos, entre otras acciones.
En nosotros, siempre en nosotros, estará la cura para combatir el egoísmo y la individualidad: pensar en el otro, pensar en los demás, y cómo nuestras acciones pueden mejorar o empeorar nuestras relaciones sociales, ya sea en una oficina, la iglesia o en el mismo hogar.
Juan A. Pascual
Es un profesional, columnista y escritor apasionado por la cultura, los temas existenciales, la teología, filosofía y la literatura, especialmente el cuento y la narrativa. Se considera un aspirante constante en el ocio de pulir las palabras, reflexionar y escribir. Actualmente colabora en La Revista Palanca.





















































