Que nadie se confunda. Senasa 2.0-A no es el gran golpe contra la corrupción que algunos quieren vender. Es el Senasa chiquito.
El expediente atribuye a médicos, exempleados y proveedores un fraude de RD$41.1 millones mediante 4,363 autorizaciones presuntamente falsas. Si lo hicieron, que respondan. La justicia no debe regalar impunidad ni por un peso.
Pero cuarenta y un millones no pueden presentarse como respuesta a un escándalo de casi dieciséis mil millones. Esta nueva fase representa apenas el 0.26 por ciento del impacto que el expediente original relaciona con las reservas técnicas de Senasa.
Aquí aparecen las manos que presuntamente llenaban formularios y cobraban servicios inexistentes. Ahora faltan todas las manos que abrieron las puertas, aprobaron contratos, controlaron el dinero y recogieron los grandes beneficios.
El país no necesita un espectáculo de esposas para olvidar el tamaño del saqueo. Necesita saber dónde están los miles de millones, cuánto ha recuperado el Estado y quiénes todavía no han sido alcanzados.
Que venga Senasa 3.0. Pero que no traiga solamente más actores secundarios. Que llegue hasta los protagonistas.





















































