Muchos comentarios en los videos de Juan Carlos Ávila Espaillat preguntan dónde pueden inscribirse, cuánto pagan y cómo viajar para combatir del lado ruso o ucraniano en la guerra entre ambas naciones. Como si la guerra fuera un empleo cualquiera. Como si regresar estuviera garantizado.
No lo hagan. No es Call of Duty.
Ninguna cantidad de dinero vale una llamada que nunca llega, una madre que no duerme o una familia que despierta cada día temiendo encontrar en las redes sociales la noticia que nadie quiere recibir.
Juan Carlos salió de Higüey diciendo que trabajaría como soldador. Su familia descubrió después que estaba uniformado y combatiendo en una guerra lejana. Mientras algunos miran sus videos como una oportunidad, quienes lo aman viven en vilo, contando los días y rogando que siga con vida.
Ojalá pueda regresar sano y salvo a la República Dominicana. Ojalá vuelva a abrazar a su familia y esta historia no termine en tragedia. Pero antes de preguntar dónde inscribirse, piense en quienes se quedarían esperando por usted.
La guerra puede prometer dinero, pero cobra en sangre, dolor y ausencia. Ningún salario compensa el sufrimiento de una madre. Ninguna recompensa merece convertirse en el último recuerdo de una familia.





















































