En apenas cuatro días, el proyecto del plan anticrisis recorrió el Congreso a toda velocidad como si fuese un Ferrari. Entró al Senado, pasó por la Cámara de Diputados y terminó promulgado por el presidente. Sin tapones, sin largas discusiones públicas, sin años de espera. Un verdadero Ferrari legislativo.
La enseñanza para el país es evidente. Cuando existe voluntad política real, las cosas ocurren rápido. Muy rápido. Todo lo demás, muchas veces, parece simple mareo burocrático, excusas o falta de interés.
Pero lo más curioso fue una parada técnica en el Senado. Allí, el Ferrari no se detuvo por un problema mecánico, sino para cargar combustible racing a favor de las bancas de lotería. La propuesta original del Poder Ejecutivo establecía un tributo de 120 mil pesos por establecimiento. Los senadores lo redujeron a 85 mil pesos, una rebaja de 35 mil pesos por banca.
La pregunta es inevitable. ¿Qué motivó esa generosidad legislativa? Más aún cuando algunos de quienes participaron en la discusión tienen vínculos con el propio negocio de las bancas.
Al final, el mensaje que queda no es solo que el Congreso puede actuar con velocidad récord. También que cuando ciertos intereses están sobre la mesa, siempre aparece tiempo para hacer ajustes de última hora. El Ferrari llegó a la meta, sí, pero dejó detrás las marcas de las llantas en el pavimento de preguntas que todavía esperan respuesta.





















































