Un año después, el dolor sigue ahí. No se ha movido. No se ha hecho más liviano. No ha aprendido a convivir con nosotros. La tragedia del Jet Set no quedó atrás porque hay heridas que no aceptan calendario, lutos que no entienden de aniversarios y noches que un país entero no logra sacar de la memoria.
República Dominicana no se ha recuperado. Y la verdad es que nunca va a recuperarse del todo. Hay tragedias que parten la historia en dos. Esta fue una de ellas. Desde aquella noche, algo se rompió para siempre en la conciencia nacional. En la confianza. En la manera de mirar una fiesta, un techo, una multitud, una canción.
Hasta escuchar la perfecta entonación de la voz más alta del merengue, en cualquier espacio, nos eriza la piel. Porque no llega sola. Llega arrastrando el recuerdo de aquel día. Llega con el eco de una tragedia que se metió para siempre en la memoria nacional. Y entonces ya no escuchamos solo una gran voz. Escuchamos también una herida.
Pero si hay algo que vuelve este aniversario todavía más insoportable es la ausencia de justicia. Ha pasado un año y el pueblo dominicano sigue sin ver consecuencias a la altura de la magnitud de lo ocurrido. Un año después, las familias siguen cargando su duelo, y el país sigue cargando preguntas. Preguntas que no pueden responderse con silencio, con lentitud ni con aplazamientos.
Nunca olvidaremos aquella madrugada del 8 de abril. Y tampoco dejaremos de exigir justicia, aunque haya poder, silencio o tiempo conspirando para enterrarla.




















































