En la circunvalación de Santo Domingo, especialmente en la salida hacia Haina, hay una escena que se repite con demasiada frecuencia: basura acumulada a la orilla de la vía. Se limpia, se recoge, se retira… y a los pocos días vuelve a aparecer. No es un misterio lo que ocurre. Muchos camioneros utilizan la carretera como vertedero improvisado, lanzando desechos mientras transitan.
Se suele decir que el problema es cultural. Y probablemente lo sea. Pero cuando la cultura no cambia, entonces debe cambiar el régimen de consecuencias.
El país no puede seguir dependiendo únicamente de brigadas que limpian hoy lo que alguien volverá a tirar mañana. Lo que se necesita es vigilancia real y sanción efectiva. Tecnología para monitorear quién tira basura, identificar reincidentes y aplicar castigos que realmente se sientan: retención del camión, suspensión de licencias, multas serias o cualquier medida que haga entender que ensuciar tiene un costo.
Pero la basura es solo un ejemplo. En nuestras calles se repiten muchas otras conductas: transitar en vía contraria, cruzar semáforos en rojo, invadir carriles, manejar sin respeto por las normas básicas. Todo parte del mismo problema: la ausencia de consecuencias.
Y no es un problema exclusivo de los camioneros ni de Haina. Es un problema nacional.
La limpieza, el orden y el respeto a la ley no se logran solo con campañas o llamados a la conciencia. Se logran cuando quien viola la norma sabe que habrá una sanción.
Si la cultura tarda en cambiar, entonces que cambie el régimen de consecuencias. Porque mientras romper las reglas salga gratis, el desorden seguirá siendo la norma.




















































