El Gobierno necesita ordenar su comunicación. Este es un consejo no pedido. Reúnan al gabinete completo y establezcan una regla clara. Ninguna medida sensible, ningún anuncio con impacto ciudadano y ninguna comunicación de alto interés público debe salir de manera improvisada.
La comunicación debe ser siempre estratégica. Debe pensarse antes de ejecutarse. Hay que prever reacciones, anticipar escenarios, preparar respuestas y tener todo listo antes de hablarle al país. Gobernar también implica administrar expectativas y entender que una mala comunicación puede generar más crisis que la propia medida.
No se puede seguir comunicando a pedazos. Primero se anuncia una medida, luego se aclara, después se corrige y finalmente se genera más incertidumbre que confianza. Pasó con el acuerdo migratorio con Estados Unidos y con el ITBIS a los servicios digitales.
Si se habla de gravar servicios digitales con un 18 %, hay que precisar cuáles servicios entran, cuáles quedan fuera, cómo se cobrará, desde cuándo y cómo se evitará golpear más a las mipymes. No puede ser que nos enteremos, a través de un anuncio superficial en una entrevista, de una propuesta que se presentaría en 60 días, mencionando apenas algunas plataformas y dejando todo lo demás en el aire.
Anunciar medidas sin suficiente claridad, sin pedagogía pública y sin anticipar el impacto ciudadano es comunicar mal. Si no hacen eso, entonces después no pueden quejarse cuando la gente y los medios interpretan las cosas de otra manera. El vacío de información siempre lo termina llenando la incertidumbre.





















































