Observo con profunda preocupación el aumento de riñas y agresiones con machete entre nacionales haitianos, y también entre haitianos y dominicanos, que se vienen registrando con mayor frecuencia en distintas provincias del país.
Un ejemplo reciente es el enfrentamiento ocurrido en el sector Barrio Lindo, municipio de Sabana de la Mar, provincia Hato Mayor: dos hombres se confrontaron con machetes en la vía pública y uno de los involucrados resultó herido en un brazo.
No son incidentes aislados ni un mal menor.
Se trata de un problema de seguridad pública. Un conflicto armado con arma blanca, en la calle, pone en riesgo la vida, altera la paz y la tranquilidad de las comunidades y erosiona la convivencia.
Esta violencia no puede naturalizarse ni normalizarse. Donde el conflicto se resuelve a machetazos, el Estado llega tarde.
Se requiere prevención real, presencia oportuna de las autoridades, identificación de los responsables y sanción firme, sin contemplaciones, para que ninguna provincia se acostumbre a convivir con el miedo.





















































