Lo dijimos el lunes y hoy lo repetimos con más fuerza. La propuesta del gobierno de reducir en un 50% los fondos asignados a los partidos políticos es parte de lo que se necesita en estos tiempos. Ya bastaba de hablar tanto de sacrificio sin tomar decisiones concretas. Si el país atraviesa un momento difícil, el primer mensaje tenía que venir desde lo público.
Y que ahora los partidos no vengan con el discurso de que esto debilita a la oposición o afecta la competencia democrática. No estamos en campaña electoral. No estamos en tiempo de proselitismo. A ustedes también les toca sacrificarse. Aquí todo el que recibe dinero público tiene que ajustarse el cinturón. No solo los ciudadanos.
Pero nosotros vamos más allá. Esta decisión debe abrir una discusión seria sobre un modelo de financiamiento político que no ha funcionado. No ha impedido la entrada de dinero del narcotráfico ni de la corrupción al sistema de partidos. No ha evitado que organizaciones sin verdadera representación electoral reciban millones cada año por apenas acumular unos votos. Y tampoco ha garantizado transparencia real.
Porque esos fondos no son de los partidos. Son fondos públicos. Y los ciudadanos tienen derecho a saber en qué se gastan, cómo se distribuyen y a quiénes benefician internamente.
Reducirlos es apenas el primer paso. Lo que sigue es fiscalizarlos de verdad y construir un modelo que sí funcione.





















































