En los últimos años, en distintos países del mundo, el surf ha empezado a utilizarse dentro de programas conocidos como surf terapéutico. Se trata de intervenciones que combinan la práctica del surf con actividades estructuradas, individuales o grupales, utilizadas con fines terapéuticos para promover el bienestar psicológico, físico y social, y que suelen estar dirigidas a niños, adolescentes o adultos que enfrentan altos niveles de estrés, ansiedad u otras dificultades emocionales.
El surf terapéutico no consiste solo en aprender a pararse sobre una tabla. Las sesiones suelen estar guiadas y utilizan el tiempo en el agua como un espacio donde el movimiento, la atención y la experiencia compartida juegan un papel importante en el bienestar general.
Aunque este tipo de programas ha crecido y se ha expandido, la investigación científica que explique con claridad qué aporta el surf desde el punto de vista de la salud todavía es limitada. Esa fue la pregunta que dio origen a mi investigación.
Desde el área de la actividad física para la salud, uno de los primeros pasos es entender qué tan exigente es una práctica para el cuerpo. Conocer el nivel de esfuerzo que requiere una actividad permite clasificarla, compararla con otras y evaluar su potencial dentro de estrategias de prevención y bienestar.
Mi investigación, realizada en la Universidad de Edimburgo, se enfocó en medir la intensidad fisiológica del surf. Para ello se utilizaron indicadores objetivos como la frecuencia cardíaca, el consumo de oxígeno (VO₂) y los equivalentes metabólicos (METs), en un entorno controlado de olas artificiales.
Los resultados mostraron que el surf alcanza niveles de actividad física vigorosa. Esto significa que, a nivel físico, el cuerpo recibe un estímulo comparable al de otras actividades que ya se reconocen por sus beneficios para la salud.
Este hallazgo es relevante para el campo del surf terapéutico porque aporta evidencia concreta a una práctica que, hasta ahora, se ha apoyado principalmente en la experiencia. Medir lo que ocurre en el cuerpo ofrece una base más sólida para su desarrollo y para seguir explorando su integración en programas de salud, rehabilitación y bienestar comunitario.
A partir de esta investigación surge un proyecto que busca llevar esta evidencia hacia el diseño de un modelo de surf terapéutico con enfoque preventivo. El proyecto se encuentra en fase de desarrollo y tiene como objetivo crear una intervención adaptada a comunidades costeras, con criterios claros de acompañamiento y evaluación.
La visión a largo plazo es contribuir al fortalecimiento del surf terapéutico como una herramienta de prevención en salud, basada en evidencia y pensada como una alternativa holística que amplía las formas tradicionales de abordar la salud y el bienestar, con modelos que puedan evaluarse, ajustarse y replicarse en otros contextos.
Este trabajo no pretende presentar respuestas definitivas. Aporta información concreta, ayuda a entender mejor una práctica existente y abre el camino para seguir investigando cómo el surf puede integrarse, de manera responsable, dentro de estrategias de salud y bienestar en comunidades costeras.Esta investigación es la base de mi proyecto de doctorado, enfocado en desarrollar y evaluar un modelo de surf terapéutico con enfoque preventivo en comunidades costeras. El siguiente paso es llevar esta evidencia a la práctica, evaluar su impacto y seguir construyendo conocimiento útil desde el territorio, creando un espacio donde investigación, comunidad y salud puedan encontrarse.





















































