Recientemente, un señor anónimo se desató verbalmente contra Ángelo Vásquez, jefe de la Antigua Orden Dominicana [AOD], con un lenguaje que rebasa la crítica legítima y cae en la ofensa, la vulgaridad y la destemplanza.
A partir del dictamen lingüístico realizado, no estamos ante una discrepancia cívica, sino ante una descarga de ira que pretende desacreditar al adversario mediante insultos, expresiones escatológicas y referencias racializadas.
Ángelo Vásquez, más allá de las adhesiones o diferencias que pueda suscitar su liderazgo, ha sido presentado públicamente por un jefe de la Policía Nacional [en funciones, hoy pensionado] como ejemplo para la juventud dominicana; la rectitud y la mesura de su proceder le han valido la consideración de los cuerpos de seguridad y de la fuerza pública del Estado. Tales menciones obligan, al menos, a elevar el nivel del debate y a no convertir la plaza pública digital en un campo de injurias.
La Antigua Orden Dominicana se define como un movimiento patriótico, nacionalista, conservador y provida, consagrado a la defensa de la soberanía y de la identidad dominicanas bajo el lema “Dios, Patria, Libertad”, e inspirado en los ideales de Juan Pablo Duarte y Gregorio Luperón; entre sus propósitos declarados figuran rescatar a la juventud de las drogas y las adicciones y promover el orden, el respeto a la ley y el amor a la patria, portando sobre el uniforme los símbolos patrios de la República.
Lamentamos que comportamientos destemplados e irrespetuosos como este se propaguen en redes sociales, especialmente cuando invocan el amor a la patria mientras degradan la dignidad del otro.
La República Dominicana merece firmeza, sí, pero también decencia; merece pasión patriótica, pero acompañada de respeto, cortesía y sentido moral.
Por eso, recomendamos al señor anónimo que se acerque a Dios, no como fórmula retórica, sino como camino interior para instalar la paz en su corazón, ordenar su palabra y transformar la ira en serenidad.
Quien ama verdaderamente la patria debe cuidar también el modo en que habla de sus compatriotas. Desde esa convicción, este editorial abraza el lema: “Dios, Patria, Libertad”.





















































