En tiempos de crisis, la política deja de ser discurso y se convierte en carácter. Y lo que estamos viendo no admite ambigüedades. Mientras el alza del petróleo presiona cada rincón de la economía, la tentación de hacer política con el malestar ciudadano siempre está presente.
Por eso, en esta ocasión, hay que decirlo con claridad. Hay que felicitar al PLD.
No porque se trate de una adhesión política ni de coincidencias ideológicas. Hay que reconocerlo porque ha optado por lo correcto. Pudiendo caer en la crítica fácil, eligió formular propuestas. Pudiendo amplificar el descontento, decidió aportar al debate con ajustes estructurales que obligan a discutir soluciones reales.
Eso no es lo habitual. Y precisamente por eso, se valora.
La política mediocre convierte cada crisis en una oportunidad electoral. La buena política entiende que hay momentos donde el país está por encima de cualquier cálculo. Este es uno de ellos.
El impacto de los combustibles no distingue colores ni banderas. Afecta a todos. Y ante eso, la respuesta no puede ser el oportunismo. Tiene que ser la responsabilidad.
Cuando la oposición actúa con madurez, no está ayudando al gobierno. Está cumpliendo con su rol. Está elevando el nivel. Está demostrando que se puede hacer política sin destruir.
Ese es el estándar que el país necesita. Y cuando se cumple, hay que reconocerlo sin complejos. Porque así se construye una cultura política distinta. Porque así se obliga a todos a estar a la altura. Porque así se hace oposición de verdad.




















































